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miércoles, diciembre 27, 2006

[Navidad] V

Una vez pasada la Celebración de la Natividad de Jesús, quiero exponer ante vosotros un escrito -que encontré hace algún tiempo en un foro de Inernet-, y que en estos días cobra gran actualidad y nos permitirá reflexionar. Durante estos días he tenido la ocasión -durante comidas y cenas familiares y de empresa de Navidad-, de comentar con mucha gente, el porqué Ama u Odia la Navidad. Por si no había tenido bastante... hoy en la radio, en un programa de máxima audiencia proponían la participación de los oyentes bajo la siguiente cuestión: ¿Porqué odia Ud. la Navidad? Me ha parecido muy triste, la poca pluralidad del medio. La cantidad de llamadas ha sido bastante elevada y creo que la respuesta a ese hecho, no es fácil, pero tampoco tan difícil...

Hogares sin Dios

No llego discernir si es por causa de los cambios tecnológicos tan rápidos, o por la crisis de valores morales que vive nuestra sociedad -o por ambas causas-, que el número de familias divididas, de suicidios y violaciones se hayan incrementado de manera geométrica en nuestra sociedad.

Intuyo, por mi experiencia pastoral, que nos hemos olvidado de Dios, único catalizador de principios morales y de una ética humana. Estamos constatando este triste hecho cada vez más: “hogares sin Dios”. Ante esta innegable realidad, te invito a caer en la cuenta del terrible alcance de esta frase, perdón, de este hecho: hogares sin Dios.

Dios: el gran ausente
Me refiero al hogar moderno de hoy: hogares donde está todo presente, menos Dios. Hogares cómodos, con todos los requerimientos que ofrece hoy en día la sociedad de consumo: comida buena y abundante; armarios atiborrados de buena ropa y zapatos. Buena biblioteca, computador, enciclopedias en CD-ROM, Internet. Ciencia, inglés, libros, revistas, TV, cable, VHS, DVD, equipos de sonido y una buena colección de música selecta. Los mejores colegios y universidades para los hijos –que se merecen lo mejor–. Vienen luego los deportes y el esparcimiento, que no pueden faltar en una “buena” familia.

Pero, al mismo tiempo, hay una ausencia impresionante de todo lo religioso, sin que parecieran darse cuenta el padre y la madre. Ya no cuelgan imágenes religiosas de las paredes, ni del pecho de sus hijos. Las medallas cristianas se reemplazaron por signos del zodiaco, cuarzos, figuras egipcias u otros amuletos. No aparecen libros espirituales por ninguna parte. Escasamente una Biblia de lujo, regalo matrimonial de una tía beata, empolvada y dormida en un discreto rincón de la casa.

No se va a misa desde hace ya varios años. Los pretextos son infinitos. No se reza ni a la mañana ni al atardecer. No se habla de Dios ni con Dios.

La consecuencia es el fracaso
¿Huyó Dios de nuestros hogares? O, más exactamente, ¿lo hicieron desaparecer todos esos aparatos, intereses y preocupaciones? Si se les pregunta si creen en Dios, por supuesto que la respuesta es afirmativa. Si son católicos, dirán «por supuesto que sí», añadiendo que “apostólicos y romanos”. Pero ahí va el pero que no suele faltar: «no somos rezanderos, ni somos fanáticos, ni vamos a misa porque...» y se toma cualquier disculpa –como los sermones largos y aburridos del cura, de hace quince o veinte años, anoto yo, porque eso o más, hace que no pisan una iglesia. Este es el hecho cierto, generalizado y lamentable. ¡Hogares sin Dios!

Estos hogares ya no forman grandes hombres, políticos notables, ciudadanos comprometidos. No pasan de producir gente mediocre, profesionales egoístas que no piensan más que en su profesión y en su bolsillo. Crean hijos incapaces de amar, del sacrificio por la persona amada y por lo tanto cantidad de matrimonios jóvenes fracasados.

La causa del problema
Cuando me buscan parejas sobre un conflicto agudo que surgió entre los dos o en la familia, o sobre un hijo drogadicto o ladrón, o una hija adolescente embarazada, mi pregunta es siempre la misma y lamentablemente la respuesta que obtengo también es la misma y que no deseo escuchar: Y, ¿cómo anda la vida de fe en la familia? Algunas parejas hasta se sienten ofendidas por la pregunta y hasta piensan que no tiene nada que ver con el desmoronamiento familiar que están viviendo. Piensan que estoy cambiando el tema o desviándolo a asuntos secundarios: En el colegio de monjas o curas –que tanto nos cuesta–, les hablan de Dios. Nosotros no tenemos tiempo.

Y lamentablemente, lo quieran reconocer o no, allí se encuentra la causa original del problema. Irónicamente, gastamos una fortuna para que nuestros hijos tengan lo mejor en alimentación, ropa y educación, pero descuidamos de lo que se nutre su alma. Desinfectamos vasos y cubiertos para que nada contaminado entre en su aparato digestivo, pero no hacemos lo mismo con los programas de televisión o páginas de Internet que visitan y que entran a su corazón y espíritu.

La decisión es tuya
Queridos padres, de nada sirve una educación de “ISO 9002”, de la que salen nuestros hijos muy bien informados pero en realidad poco formados. El colegio y la universidad les darán la información que necesitan para triunfar en el mundo laboral. Lástima que sea corta para impedir sus fracasos en el campo sentimental, afectivo y familiar.

Decía nuestro Señor Jesucristo, con fuerte voz profética: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde la vida?” (Mc 8,36). Hoy podemos parafrasear ese texto y decir: “¿De qué le sirve a un hombre triunfar en su profesión si fracasa en su hogar, con su propia familia?”.

No, queridos hermanos, no busquen causas exógenas para tratar de explicar el desmoronamiento de nuestras familias, y menos aún le echemos la culpa a Dios. Él fue el gran ausente en nuestras familias, no porque Él lo haya querido, sino porque nosotros lo expulsamos de ella.

“Mira, yo estoy a llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos” (Ap 3,20).

Ahora, la decisión es tuya. ¿Le abrirás la puerta? ¿O le seguirás culpando por los fracasos en tu familia sin darle la oportunidad de entrar?

Tienes que escoger: si sigues teniendo un hogar sin Dios, o lo invitas a tu casa.


Escrito por Carlos García Llerena. (11/10/2006)

amarillo y negro: podréis estar más o menos de acuerdo con el autor y mi idea de traerlo a colación, pero sinceramente creo que valía la pena repescar el artículo y hacernos pensar algo... en medio de tanto estrés de compras y visitas familiares queridas y deseadas u obligadas ;) Finalmente, como dice el artículo, la decisión es libre y propia.

sábado, diciembre 09, 2006

¿Nos roban los colores...



... y ahora pretenden que todo sea gris?

Mi respuesta es: No, no y no. El gris no es un color propio. Es el negro "matizado" con algo de blanco. Parece real, pero no lo es. A mi me gustan, los colores primarios que dan vida e iluminan nuestra fantástica existencia. Aunque el relámpago pretenda destrozar el Arco Iris, éste renacerá despues de cada tormenta, hasta el fin de los tiempos.

Hoy deseo compartir con vosotros este tema, el Relativismo, que nos afecta a todos. Ciudadanos de este maravilloso planeta llamado Tierra, con voluntad e ideas que trascienden y jamás serán planas o grises. Qué facil es sembrar la duda, para dividirnos... y así mejor derrotarnos! No es una batalla de creyentes o no creyentes. Es simplemente algo más. Agradezco al autor: Fray Alejandro Martín su preclara y sencilla exposición.

Los Diez Mandamientos del Relativismo

En los últimos años, si bien no es algo nuevo (ya desde los filósofos griegos nos llega como herencia), se está afirmando la turbadora tentación de que la verdad no existe, por lo que el conocimiento no merece la pena: lo único que merece la pena es la divagación eterna e infructuosa sobre las formas de conocimiento. La cosa empezó a torcerse con Descartes (el filósofo de la duda), pero en el siglo XX alcanzó su plenitud, es decir, alcanzó el desastre.

Es como si la razón hubiera sido recluida en una prisión y con ella la libertad. Recluida, claro está, en nombre de la libertad de pensamiento. El progreso intelectual de la civilización occidental ha degenerado en un círculo oriental, del que es imposible salir. En Occidente le llamamos relativismo, pero en el fondo el relativismo no esconde más que la anulación del hombre como ser racional y, con ello, la anulación de su libertad. Vivimos en el universo de la contradicción permanente.

Analicemos la situación en unos pocos dichos conocidos, que son los mandamientos vigentes. El primero y más importante de todos, que los engloba a todos, que los resume y abarca a todos, es el siguiente:

1. “Nada es verdad ni nada es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira”. Ahora bien, esta frasecita, que revela como ninguna otra el fin de las verdades absolutas, es la que incurre en la primera contradicción flagrante: nada es verdad ni nada es mentira… menos esta frase, este principio, este dogma aniquilador.

2. “Prohibido Prohibir”, tradujeron los del mayo francés, una generación que continúa sin abandonar le poder. Ahora bien, si prohibimos prohibir, ya hay algo que sí está prohibido: prohibir.

3. “Todo es opinable”, aseguran los hombres de la sociedad de la comunicación. Sí, todo es opinable; todo menos justamente eso: que todo sea opinable.

4. “Los dogmas son inadmisibles”. Salvo justamente el que a acabo de enunciar, indemostrable pero de aplicación forzosa. En cualquier caso, el hombre siempre parte de un dogma para concluir, tanto en el pensamiento deductivo como en el inductivo.

5. “Libertad de pensamiento”. Muy cierto, pero dos más dos sólo son cuatro en base 1 y por definición. Nadie comienza pensar desde cero, sino desde un eje de coordenadas que le viene dado. El pensamiento humano está sometido a reglas estrechas, que componen lo que se conoce como la ciencia de la lógica: no damos para más y no es para avergonzarse de ello. A fin de cuentas, mal de muchos…

6. “Toda idea, principio o creencia es tan respetable como otra”. ¿Todas? No, porque la que acabo de escribir vale mucho más que cualquier otra y es acreedora del mayor de los respetos.

7. “Eduquemos en libertad”. Pero eso es imposible: si concedemos libertad al alumno para someterse o rechazar la educación, seguramente optará por la libertad de no educarse, sobre todo si piensa en el sometimiento y el esfuerzo que implica el hacerlo. Lo único que importa es la tolerancia, no las ideas que se toleran. Es más, la misma libertad de expresión es un atentado contra la libertad ajena, en cuanto pude influir en el interlocutor.

8. “No acepto aquello que no sea demostrable”. Pero ni tan siquiera puedo demostrar nuestra existencia. Lo empíricamente demostrable no alcanza ni el 0,1% e lo conocimientos humanos. Tampoco puedo dar razón de mi existencia.

9. “Lo que se ve, existe, y lo que no se ve, no existe”. Pero nuestros sentidos nos engañan. Además, de esta forma no existirían la lunas de Júpiter, ni el amor, ni el dolor, ni la belleza, ni el arte, ni la literatura... Además, ¿estamos seguros de que la vida no es sueño y ensueño no es la verdadera vida? Por eso mismo, muchas veces dudo de la inteligencia de algunas personas, precisamente por eso, porque no la veo…

10. “Nadie puede decir lo que está bien o lo que esta mal”. Pero esta política de no injerencia es buena en sí misma, así como sus numerosos desarrollos en forma de juicios morales, esos juicios que constantemente estamos pronunciando. Es más, si en algo creemos es en nuestras críticas al próximo o en nuestros halagos (en ésos menos, dado que resultan menos numerosos).

No me extraña que el hombre actual esté mareado. Sufre de vértigo intelectual y sus síntomas son: falta de personalidad, acentuada inseguridad en sus talentos. O sea, que el relativismo le ha llevado al complejo de inferioridad, a la tristeza: Porque el hombre puede ser bueno o malo, sabio o ignorante, pero lo que su propia naturaleza racional no puede aceptar jamás sin romperse en pedazos es vivir en la contradicción. El único velo capaz de ocultar la incoherencia es la locura. Y esa es, precisamente, la meta lógica de todo relativismo.

amarillo y negro: El autor nos expone las 10 frases comunes, que facilmente pronunciamos a diario o muy a menudo bajo nuestra conveniencia. Los medios (radio, prensa, televisión e Internet) en boca de políticos, empresarios y multinacionales, las predican a diario como "verdades" absolutas. Yo tan sólo os interpelo al respecto de: ¿En cuales creéis realmente y cuales involuntariamente habéis hecho vuestras...?

Nota: Espero que me sepáis disculpar y no me lo tengáis en cuenta, el esfuerzo neuronal al que hoy, os he sometido. Creo que el tema se lo merece ;)